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Guías de verano

La merienda de las 22:00: qué proyectar cuando el sol por fin se va

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La merienda de las 22:00: qué proyectar cuando el sol por fin se va

Photo: Kaethe17, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

Hay un momento concreto en los pueblos de toda España, más o menos cuando la terraza empieza a llenarse y las sillas plegables ya hacen fila frente a la pantalla, en el que todo el mundo se pregunta lo mismo: ¿y esta noche qué ponemos? Porque ver cine al aire libre no es como verlo en el salón de casa. Aquí la película compite con los grillos, con la brisa y con el crio de la tercera fila que no para de hacer preguntas. Y justamente por eso, no cualquier título vale.

La regla de oro: películas que se ven de lejos

En una pantalla gigante al aire libre, la imagen se disfruta desde una manta, desde una silla de playa o desde el capó del coche (en las sesiones de autocine, claro). Eso significa que funcionan mejor los filmes con fotografía luminosa, planos amplios y tramas que no exigen estar pegado a la pantalla para pillar cada matiz.

El cine español clásico, por ejemplo, es un aliado enorme. Las comedias de Berlanga o de Lazaga tienen ese humor de gesto y de frase hecha que atraviesa el ruido ambiental y hace reír a un público de tres generaciones sentadas en la misma plaza.

Nuestra selección para esta temporada

1. El espíritu de la colmena (1973) — Sí, ya sabemos lo que estás pensando: ¿Erice en una sesión de verano? Pues sí. Cuando cae el fresco y el público es cinéfilo, pocas experiencias igualan ver a Ana Torrent buscándole los ojos al viento con el cielo de verdad encima. Para veladas tranquilas y adultas.

2. Ocho apellidos vascos (2014) — El éxito de público está garantizado. Es de esas comedias que todo el mundo ha visto pero que en comunidad se disfrutan igual, entre risas en cadena y frases que el público recita en voz alta.

3. Vértigo (1958) — Si tu proyección tiene buena calidad de imagen, Hitchcock al aire libre es un espectáculo. Las noches de verano le dan a sus películas un aire de sueño que en casa no tiene.

4. Cocoroco Motion (o cualquier musical: La La Land, Grease) — Los musicales son el rey del cine bajo las estrellas. La gente tararea, hay niños bailando al lado de la manta y el final llega con aplausos espontáneos. Grease lleva décadas funcionando en estas sesiones y no ha perdido ni un ápice de fuerza.

5. Verano 1993 (2017) — Para públicos que buscan algo más íntimo. Su ambientación estival y su ritmo pausado casan perfecto con el calor de una noche de julio.

6. Cómo entrenar a tu dragón (2010) — Las películas de animación con vuelos y paisajes abiertos son un espectáculo en pantalla grande. Y además son el punto de encuentro perfecto para familias enteras.

7. Volver (2006) — Almodóvar al aire libre es casi un ejercicio de turismo interior. Sus colores intensos, sus patios manchegos y su música ganan con el aire de la noche.

8. Jurassic Park (1993) — Si hay un blockbuster que funciona mejor en una plaza llena que en una sala comercial, es este. Los rugidos del T-Rex suenan más grandes cuando el sonido viaja sin paredes, y los niños de hoy en día reaccionan igual que los de hace treinta años.

9. Campanilla o cualquier clásico Disney de animación — El ciclo de animación de los noventa es un seguro de vida para cualquier organizador. Peter Pan, en concreto, tiene esa temática de vuelo y aventura que se disfruta con el cielo de fondo.

10. Air Bag (1997) — La comedia española más curiosa de los noventa. Si tu público es joven y busca algo con ritmo y con guiños, esta es una apuesta con carácter que sorprende a quien no la conoce.

Cómo elegir según tu público

No es lo mismo organizar una sesión familiar en el polideportivo que una velada para cinéfilos en el patio de un museo. Para las familias, apuesta por animación, aventuras y comedias de humor blanco: la clave es que un niño de seis años y un abuelo de setenta se diviertan a la vez. Para público adulto y cinéfilo, puedes arriesgar con clásicos, dramas o títulos de autor, siempre que el equipo de sonido esté a la altura.

Y un consejo de viejos del gremio: elige una película que dure como mucho dos horas. El calor de la noche no avisa, y cuando el cuerpo pide la última cerveza fresca en la terraza, nadie quiere que queden cuarenta minutos de metraje.

El detalle que lo cambia todo

Porque al final, ver una película al aire libre no va solo de la película. Va de la manta, del bocadillo de tortilla, del vecino que te guarda el sitio y del momento en el que las luces de la pantalla se encienden y todo el mundo se calla a la vez. Elegir bien el título es la mitad del trabajo; la otra mitad es dejar que la noche haga el resto.

Nos vemos bajo las estrellas. Trae algo de beber.

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